La sopa de Edison

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Al parecer el conocido inventor Thomas Edison tenía una forma muy peculiar para contratar a sus colaboradores que consistía en invitarles a comer un caldo de sopa. Si el candidato ponía sal en la sopa antes de probarla, era descartado. Edison pretendía con esta prueba conocer el grado en que la persona estaba libre de prejuicios y preconceptos y por tanto, saber de forma directa su predisposición  a experimentar y poder así, extraer conclusiones a través de la misma experimentación. Edison nos da una clara muestra del valor de la experimentación, para ser innovadores y creativos.

Como bien sabía el inventor, la experimentación lleva de la mano la necesaria tolerancia al error. Uno de sus colaboradores, que debió de probar la sopa antes de echarle sal, preguntó a Edison si no se había sentido desanimado al fracasar ante los miles de intentos por descubrir la bombilla eléctrica. Edison respondió: “¿Fracasos? Nunca he fracasado. En cada intento me enteré de un nuevo motivo por el cual una bombilla no funcionaba. Ahora ya sé mil maneras de no hacer una bombilla”.

Las organizaciones, inmersas en un mercado tan competitivo como el actual, tratan de reducir al máximo el “time to market”, es decir, el tiempo que un producto tarda desde que es concebido hasta que está disponible para su venta. La presión por los resultados en ese mínimo tiempo posible, no suele favorecer que, previo al lanzamiento del producto o idea, se pongan en marcha mecanismos que permitan emerger la inteligencia colectiva, activar la imaginación y la inspiración y proponer una cultura proactiva a través de prácticas que permitan la simulación de situaciones futuras y  la creación de prototipos. Se trata del valor de la experimentación previa, que multiplica la inspiración exponencialmente cuando entran en juego diversas personas de la organización e interactúan para co-crear.

El temor a los errores y el miedo al fracaso no favorecen a que una vez esté el producto disponible en el mercado, nos abramos a ver cómo sacar el máximo partido a esos errores, si los hay, y aprendamos del valor de la experimentación previa.  lo que la experiencia nos ofrece. Es necesario usarlos como una oportunidad para ver cuáles son nuestras necesidades de cambio y poder reorientar nuestras acciones presentes y futuras.

Recuerda que es importante probar la sopa antes de echarle sal.

 

 

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